Brompton

Lejos de llenar esta página con tópicos fríos, aburridos y muy gastados sobre esta bici, voy a contar mi experiencia personal con ella. Quizá es demasiado personal e impropia de un site profesional, pero así sabréis por qué las vendemos en la tienda y por qué pienso que es la mejor bici plegable que he tenido jamás.

La Brompton me ha permitido durante años practicar una verdadera intermodalidad sin dañarme la espalda, pillarme los dedos, mancharme los pantalones o perder el tiempo discutiendo con el revisor de turno. Una vez plegada está realmente plegada y compacta, no hay riesgo de que se abra, su tamaño es increíblemente pequeño y todas las partes sensibles quedan protegidas en la zona interior. Podemos echarla sin miedo en las bodegas del autobús, ponerla al lado de nuestro asiento en el tren, subirla al Ave sin que el personal de renfe nos perdone la vida, o meterla dentro de una maleta y facturarla en los aeropuertos. Una vez en el destino podemos guardarla en cualquier lugar, cabe perfectamente debajo de una mesa, bajo la cama, en un armario o detrás de la puerta.

Y una vez desplegada tampoco tiene rival. Es robusta y está increíblemente bien acabada, el plegado no es obstáculo para que una vez montada todo ajuste al milímetro con cero holguras y cero ruidos. Con la versión de 3 marchas es suficiente, pero si queremos mayor flexibilidad podemos elegir el modelo con desviador, disponiendo así de 6 velocidades.

Mi primera bici plegable fue una bici de gama media, con cuadro de aluminio y rueda de 20 pulgadas. Cuando fui a comprarla a la tienda no entendí por qué había otras bicis, llamadas Brompton, que costaban tres veces más, tenían 4 marchas menos, rueda más pequeña y encima con cuadro de acero, todo un atraso pensé: ¡cuadro de acero con lo bueno y ligero que es un aluminio!. Con esa bici de aluminio fui al trabajo a dirario durante un año, 26 kilómetros al día por las calles de Madrid, con sus baches, sus atascos y sus taxistas.

Llegó el verano y en lugar de ir de viaje con la bici de siempre, decidí llevar la plegable. Camino del metro, bajando la calle Fuencarral, noté que la bici tenía un baile extraño. Pensé que era alguna holgura en la dirección, o que el sillín estaba suelto. A los pocos segundos la bici se partió por la mitad. Corrí a la tienda a pedir explicaciones y a que me dieran otra; me la cambiaban sí, pero tenía que esperar un mes. Así que vi las Brompton, todas de colores y pedí la mas barata con seis marchas, volví a casa, cogí un transportín de los que se agarran a la tija, unos pulpos y corrí al aeropuerto. Y ya no quiero otra plegable que no sea esta.

Seguí yendo al trabajo en bici, pero ahora en rueda de 16 pulgadas, sorprendentemente efectiva para girar en los atascos entre los coches. Y al poco empecé a hacer viajes en la Brompton, ya con sistemas de alforjas y transportines más elaborados; fui de Roma a Marsella, luego por Albania, Grecia, Macedonia, Serbia, por el lago Michigan desde Chicago a Wisconsin y los miles de kilómetros que llevará por ciudad camino del trabajo, camino del bar y de otros sitios que no voy a contar aquí. Y hasta una vez corrí la Quebrantahuesos, una prueba de la categoría del Tour de Francia a la que asisten miles de aficionados; costó subir las rampas del Marie Blanch pero jamás eché el pie a tierra, y muchas bicis de carbono llegarón a meta después de la Brompton.

Olvida los tópicos sobre el acero y las ruedas pequeñas, y pásate a probar una de las Bromptons que tenemos en la tienda. Si ya tienes una y necesita cuidados mecánicos, el Hospital de Bicis es el mejor lugar para reparar tu Bromton.

Hospital de bicis
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